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Benito de la Morena: Feliz Navidad

En muchos de nuestros cafés casineros, un amigo nuestro y de la reflexión como sistema, Benito de la Morena, ha compartido las magníficas charlas que se gozan sentados en los salones.

Cercana ya la Navidad, nuestra fiesta familiar por excelencia, nos envía el siguiente artículo como aportación a nuestro deseo de “tránsito feliz” para todos, en esta situación lamentable de pacientes sociales de ese maldito virus que se ha colado en nuestras casas.

Sobre todo, que ese “transito” a la normalidad sanitaria sea rápida en los casinos, lugares especialmente sensibles a esta situación de riesgo.

Hacemos nuestros sus deseos.

¡FELIZ NAVIDAD!!!

“Y una estrella iluminó en el firmamento el camino hacia Belén y sirvió de guía a los Reyes que venían de Oriente buscando, al Niño que debería redimirnos de nuestros pecados.”

Previamente, unos doscientos cincuenta millones de años antes de esa primera Navidad cristiana, un gran meteorito de entre seis y doce kilómetros de diámetro, chocó contra la Tierra y provocó la mayor catástrofe del planeta de la que se tiene conocimiento científico hoy en día.

Desaparecieron el noventa por ciento de las especies marinas, el setenta por ciento de los animales vertebrados y la mayor parte de las plantas a causa, no sólo del imponente impacto que proyectó hacia la atmósfera inmensas nubes de polvo, partículas y gases, que oscurecieron el cielo impidiendo la llegada de los benévolos rayos del Sol que siempre nos ha regalado vida, sino también, a causa del presumible cambio de posición que experimentaros los polos geográficos con la consiguiente descongelación de las zonas heladas, la desertificación de los bosques y la inundación de los desiertos. Un cambio climático total que transformó la orografía y modificó la cadena evolutiva de las especies hasta nuestros días.

Dicen los expertos que meteoritos de gran tamaño sólo llegan a las proximidades de la Tierra cada cien millones de años por término medio; que por cada millón de años se produce el impacto, contra la superficie del planeta, de un cuerpo de mas de dos kilómetros de diámetro, y que otros más pequeños, de unos setenta metros alcanza la superficie terrestre una vez cada pocos cientos de años.

Sin embargo, las maravillosas “lluvias de estrellas” como se conocen popularmente a las Leónidas, nos recuerdan que periódicamente pueden “llovernos” del cielo enjambres de entre cinco mil y diez mil meteoritos por hora durante unos pocos minutos, que atraviesan la atmósfera con velocidades de entre doce y ochenta kilómetros por segundo, generando en su frenético rozamiento y calentamiento de sus partículas con las capas protectoras de la atmósfera, la transformación de su propia energía cinética en luz y calor y la consiguiente pérdida de masa que los hacen inofensivos para nuestras débiles cabezas, pues nos llega, si es que nos llega, como polvo, y despertando el deleite en nuestros sentidos, al poder contemplar el armonioso “baile” de estrellas fugaces en las claras y cálidas noches de nuestra querida Huelva.

Cuando los meteoritos poseen un brillo similar o superior al del planeta Venus, el astro más brillante del firmamento que se alcanza a ver con nuestros ojos, entonces se les denominan “bólidos”, y son generados por partículas cuya masa oscila desde poco más de un gramo hasta miles de toneladas.

Muchos han creído encontrar en la Ciencia la explicación a los misteriosos caminos que hicieron posible la Creación, otros piensan que sólo formamos parte de un ciclo natural de vida y muerte vegetativa; algunos encuentran la explicación al “misterio” de nuestra existencia en seres extraterrestres que condicionaron y aún condicionan el destino de nuestras vidas, pero yo sólo sé que “la estrella que nos indicó el camino hacia donde había nacido el “Hijo de Dios” estaba en su sitio justo y en el momento preciso, y ello me hace sentirme feliz el día de Navidad y proclamar ante ustedes el deseo de Paz, Amor y Caridad para que seamos un poco más humanitarios el año próximo.

Benito de la Morena

–  –  –  –

Y nosotros añadimos: Que la reflexión sea la norma en los Casinos, para que sus salones sigan siendo lugar de ocio, de placer y de Cultura.

Sobre todo de Cultura, que es donde nace lo demás.

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Esta entrada fue publicada el 16 diciembre, 2020 por en Comunicado.
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